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viernes, 14 de marzo de 2014

Uso de drones para investigación científica en El Salvador


Enriqueta Ramírez
Directora de VIVAZUL El Salvador

Los drones son pequeñas aeronaves controladas desde tierra que combinan principios de aeronáutica y robótica, esto las vuelve capaces de sobrevolar extensas áreas y capturar imágenes desde distintas alturas y perspectivas. Actualmente se utilizan con fines variados, pero también se están convirtiendo en una herramienta muy valiosa que va a revolucionar las investigaciones científicas. El uso de los drones en la ciencia ya incluye en otros países el monitoreo de vida silvestre, documentación del varamiento de especies, registro de contaminación como derrames de petróleo, investigaciones polares, erupciones de volcanes y especialmente acontecimientos en el océano en donde ya han capturado maravillosos momentos como las relaciones entre ballenas y sus ballenatos.

En El Salvador, y porque no decirlo en la región, VIVAZUL ha tomado la iniciativa y ya ha comenzado a utilizar un drone modelo DJI Phantom para documentar muchas de sus actividades. Recientemente colaboramos con la investigación      “Mapeo y caracterización de pastos marinos en la Bahía de Jiquilisco, Usulután" que VIVAZUL realiza junto al Museo de Historia Natural y la Iniciativa Carey del Pacifico Oriental (ICAPO). El equipo que participa en esta investigación ya completó la fase de recolección de datos, y se encuentra preparando los resultados que incluirán información aportada por los sobrevuelos del DJI Phantom.  Las imágenes fueron tomadas con una cámara GoPro Hero 3  a bordo del drone, y afinan los hallazgos sobre la distribución de los pastos marinos en Jiquilisco gracias a que es posible volar más bajo que en una avioneta o helicóptero, pero a alturas suficientes para obtener tanto detalles como perspectivas amplias en alta resolución.

En un futuro se espera que sea cada vez sea más común a nivel global la incorporación de drones en misiones científicas porque son instrumentos más baratos que otras opciones para sobrevuelos, son más seguros pues no necesitan pilotos humanos a bordo, y son operados con tecnología más limpia como baterías recargables.

VIVAZUL mira con entusiasmo la infinidad de posibilidades con el uso de éste drone que aportará sin duda al conocimiento ecológico de El Salvador.


(La versión original de este artículo fue publicado aquí.)

lunes, 28 de marzo de 2011

Aves de papel

Por Carmen Molina Tamacas

Uno de los retos de los periodistas científicos –de los periodistas, en general- es saber escuchar.

Y leer, preguntar, buscar, preguntar, comparar, entender, decodificar, volver a preguntar… y transmitir.

Tal vez así podríamos cumplir con la misión de educar y generar opinión en la población ávida de conocimiento.

Los científicos elaboran hipótesis, recopilan evidencias, discuten y publican. Pero eso no basta: deben hacer el esfuerzo por olvidarse de la jerga académica, para lograr que su semilla de conocimiento germine en tierras fértiles.

Los científicos necesitan de los periodistas, y los periodistas de los científicos. Y ambos paciencia. Los unos para explicar, una y otra vez si es necesario tal o cual antecedente, proceso o consecuencia, y los otros para captar la esencia de esas ideas. Y ambos, además, perder el miedo a la polémica, maravillándose ante los resultados: el conocimiento.

La Revista Dominical de La Prensa Gráfica fue una de esas parcelas, aisladas de la escorrentía del ocio y la banalidad. Duró demasiado para lo que duran las revistas en El Salvador (¡50 años!) y lo que comenzó siendo una recopilación de consejos de belleza para amas de casa, se convirtió en un depositario del conocimiento producido en El Salvador.

A finales de los años 90 y en el inicio de la presente década, fueron publicados diversos artículos enfocados en la biodiversidad del país, de sus esfuerzos por conocerla, inventariarla y protegerla.

Como equipo periodístico, nos nutrimos de varios componentes. En primer lugar, la curiosidad. Ay del periodista que piensa que lo sabe y lo entiende todo. Sin curiosidad, ese gusanito que nos permite maravillarnos y conmovernos ante una lluvia de meteoritos, atender con solemnidad un rito religioso o contemplar un nido de polluelos, estamos perdidos. Y muchos lo están. Por eso –muchos- son incapaces
de ver a la ciencia como lo que es: una fuente inagotable no sólo de conocimiento personal, sino colectivo. Es la bitácora donde registramos, a prueba y error, los esfuerzos humanos por entender lo que nos rodea.

Luego, la confianza mutua. Los científicos (¿por naturaleza?) son desconfiados y lastimosamente muchos prefieren que su investigación quede en el anonimato a tomarse el tiempo y escribir un artículo en lenguaje accesible para la mayoría de la población, donde expliquen los alcances de su trabajo. Ahora, Internet ofrece infinidad de posibilidades para difundir información a muy bajo costo, pero esa tarea requiere, ante todo, constancia y disciplina. Otros le huyen a colaborar en una conversación franca con un periodista, les cuesta dejar de lado los nervios y, especialmente, la arrogancia. Así, una investigación de años, quedará para comida de las polillas.

También se da el caso de los científico que proveen una gran cantidad de información y el periodista no es capaz de descifrarla e interpretarla, por lo cual termina naufragando en ella. En ambos casos, la comunicación falló, y el mayor perjudicado fue el público, que se quedó sin conocer información valiosa, que pudo haberle ayudado a tomar conciencia respecto a la protección de nuestro entorno natural.

En esa época de Revista Dominical, por fortuna (para los científicos, para nosotros, para los lectores) tuvimos acceso a fuentes de información privilegiada y de primer orden, como estudios en ciernes, diversos trabajos de campo, documentos y
discusiones académicas.

La apertura editorial fue otro factor determinante, ya que en ese momento todas las coberturas sobre la conservación del ambiente, entre ellos muchos relacionados con la avifauna, fueron apoyados, con el objetivo de llevar de la mano a los lectores por las veredas, guiándolos hacia el bosque y acurrucarlos quedamente para contemplar al ejemplar de una especie en peligro de extinción. Los periodistas deben ser hábiles no sólo para traducir un texto académico hacia un lenguaje más accesible para los lectores, sino que deben convencer a sus editores de que el tema en verdad vale la pena. Cualquier investigación científica sobre el patrimonio natural local vale la pena –hasta la más descabellada para los burócratas de turno.

Concebir un enfoque, reportear, contrastar, complementar, escribir, corregir y difundir, es el reto.

Nada hubiéramos sido en esa época, sin el excelente trabajo de fotoperiodistas dispuestos a llenarse de lodo, mozotes y pulgas, para capturar una escena de la naturaleza para la posteridad. Félix Amaya ha acumulado muchos años de experiencia y es capaz de resumir con una imagen todo un tratado enciclopédico.

¿Cómo he visto la respuesta de la gente hacia la temática de las aves? Es una pregunta que no puedo contestar. Desde mi perspectiva como periodista, la Revista Dominical proveyó contenidos enfocados hacia el conocimiento de nuestro patrimonio natural y la hazaña que implica documentarlo, conocerlo, inventariarlo y protegerlo. Muchos de esos artículos están disponibles en Internet pero han naufragado en el olvido. La web 2.0, que potencia la interactividad con los lectores y la retroalimentación podría ser la vitrina idónea para que cada vez más personas, especialmente los estudiantes, accedan a ellos, los comenten, critiquen y desafíen... los superen. Sólo así podrá generarse más conocimiento, lo cual nos beneficia a todos.

A continuación se presenta una recopilación de algunas de esas publicaciones, en las que figuran como protagonistas no sólo aves y pájaros (desde el tímido Quetzal de Montecristo hasta el imponente Rey Zope del Zoológico Nacional, pasando por los patos migratorios de El Jocotal y las polémicas garzas de Ostúa -polémicas porque los burócratas de turno soslayaron un informe técnico que recomendaba la protección de un área de anidación bajo el criterio de que son una "plaga"-) sino de las personas que han dedicado tiempo, esfuerzo y sacrificios para lo que aquí más nos importa: nuestro país, nuestra historia.

Un saltarín cabecirrojo en El Salvador
Por Juan Marco Álvarez


Las Aves del Bosque Nebuloso
Por Verónica Vásquez


El escurridizo quetzal
Por Fabricio Pérez


Con la mirada en El Imposible
Por Tomás Guevara

Los pericos de la suerte
Por Tomás Guevara


Aves de presa de El Imposible
Por Maite Lorente, Fotos: WhiteHawk

Torogoz, ¿ave nacional?
Por Morena Azucena


Nuestras 17 aves
Por Fabricio Pérez y Morena Azucena


El Jocotal
Revista Dominical


Quetzal, ave amenazada
Por Morena Azucena


Las aves de El Salvador
Por Morena Azucena


Un monarca carroñero
Por Tomás Guevara


Rey Zope


Temporada de patos
Por Carmen Molina Tamacas y Morena Azucena


Amenazas contra la biodiversidad


Investigaciones del ayer



Más de 170 mil patos


¿Menos licencias y más caza ilegal?


Árboles de garzas infinitas
Por Carmen Molina Tamacas


Manjar para depredadores

domingo, 19 de septiembre de 2010

El valor cultural y científico de la elefanta Manyula

» Si la elefanta muere, su piel y esqueleto deberían ser conservados en el Museo de Historia Natural del país, opinan académicos consultados

Carmen Molina Tamacas / Enrique Carranza
Domingo, 19 de Septiembre de 2010

Si la elefanta Manyula muere, sus restos deberían ser conservados y resguardados dentro de un museo, tanto con fines educativos como científicos, opinan diversos académicos consultados.

En la semana reciente, se ha informado que adolece de un grave problema de salud, en parte por su avanzada edad: el próximo mes celebrará su 60o. aniversario.

Podría ser conservada mediante un proceso denominado taxidermización, con lo cual podría estar en exhibición de forma permanente. Este es un proceso delicado, que requiere materiales e instrumentos específicos, así como personal técnico especializado.

Su esqueleto podría servir para enseñar a los estudiantes sobre la vida de los elefantes y la historia particular de la Manyula, que este año llegará a los 60 años de vida.

También podría ayudar en el estudio de los fósiles de mastodontes que han sido encontrados en territorio nacional, opinó el paleontólogo Juan Carlos Cisneros, quien actualmente se desempeña como catedrático de la Universidad Federal de Piauí, en la ciudad de Teresina, Brasil.

"La Manyula, al igual que los mastodontes, es un proboscídeo (que tienen trompa), y sus huesos son muy parecidos. Tener un esqueleto completo de elefante en el Museo de Historia Natural ayudaría, por comparación, a reconocer algunos huesos de mastodonte que se encuentran en la colección pero que no han sido reconocidos. No sólo ayudaría a reconocerlos, si no a saber con más precisión de qué parte del cuerpo son, de qué lado del cuerpo (izquierda o derecha), etc.", precisó.

Cisneros, quien trabajó en el Museo de Historia Natural de El Salvador cuando fue descubierto el yacimiento de fósiles del río Tomayate, en Apopa, recuerda las dificultades que plantea la escasez de materiales para hacer comparaciones.

Por su parte, el antropólogo Jorge Colorado, docente de la Universidad Tecnológica de El Salvador, respalda la opción que el ejemplar sea conservado.

"Hay que conservar los restos óseos de Manyula con fines educativo. Creo que ha sido el elefante mas triste del mundo, vivió en un espacio no adecuado, sin otros de su especie, y confinada a la terrible contaminación que rodea el Zoológico", indicó.


Otros científicos que pidieron no ser citados para este artículo, opinaron que el costo de taxidermizar a un elefante es excesivo, ante las carencias de otras instituciones de salud y educativas del país.

Gobierno valora opciones

"Por el momento Manyula sigue delicada, el veterinario la va a revisar en un momento", sostuvo Humberto Sánchez, Humberto Sánchez, coordinador de parques urbanos de la Dirección Nacional de Espacios de Desarrollo Cultural.

De fallecer se ha considerado enterrarla, previo se deberá establecer la causa de muerte, ese proceso se puede tardar unos tres días, añadió.

"Se ha valorado taxidermizarla -disecarla- el costo de esto ronda entre 35 y 45 mil dólares, el procedimiento lo realizaría gente local, con experiencia, en este caso -disecarla- se utiliza sólo la piel y lo demás se entierra", detalló.

Ambas son valoraciones nada más, aún no hay decisión tomada, según declaró Sánchez.

Salvadoreños opinan

En la página de elsalvador.com de la red social Facebook, decenas de salvadoreños han opinado no sólo acerca de la salud de la Manyula, sino qué debería cuando eventualmente deje de vivir.

"Si Manyula muere, yo espero que ya no traigan otro elefante para tenerlos en ese pseudo zoológico, es triste ver que ni por los animales tenemos respeto, y que tan incapaz es el gobierno este y todos los anteriores en tantas cosas, como lo es para no poner personas capacitadas para poder tener un zoológico en buenas condiciones, no que todo animal que toca el zoo, se muere, así es que lo mejor que debería de hacer es que ya no traigan más animales", opinó la usuaria B María G. Goria.

Por su parte, Óscar Méndez dice: "Es una lástima... me gustaría que crearan un mural en honor a Manyula o algo artístico antes de su descanso eterno que muchos lamentaremos".

El fotoperiodista Francisco Campos ha sugerido que se haga una réplica de la elefanta, incluso de cemento. Otros usuarios de Facebook han dicho que ésta debería estar dentro del Zoológico Nacional y que debería desplazar a la del Oso Hormiguero.

Juan José López Torres está reuniendo votos para pedir que sea preservado el esqueleto de la paquiderma. "Quiero invitarlos a formular una iniciativa que preserve la osamenta de la que aún nos evoca recuerdos de nuestra infancia", invitó.

Consideraciones científicas del "Torogoz", Ave Nacional de El Salvador



Septiembre, cuando se conmemoria la Independencia de El Salvador, es una época propicia para abordar muchos temas acerca de la patria. Uno de ellos es el de los símbolos.

El Ave Nacional, de acuerdo con decreto legislativo de 1999, es el Torogoz. Esta ave silvestre, de intenso colorido, usualmente es confundido con un "primo", el Talapo.

El biólogo Pablo Olmedo Galán impartió una breve conferencia este día en la que explicó las características fisiológicas del Torogoz y cómo puede diferenciarse del Talapo.

El Torogoz, inició, pertenece a la familia Momotidae y su nombre científico es Eumomota superciliosa. "Es un ave inadaptable al cautiverio y símbolo de la unidad familiar, por la participación en pareja en el cuidado de sus pichones", indicó.

El Talapo tiene otro nombre: Momotus momota. Entre otras diferencias, el Talapo es de menor tamaño y posee menos variedad de colores. (ver diagrama)

Otra forma de identificarlos es por medio de su canto.



domingo, 5 de agosto de 2007

Libros sobre botánica salvadoreña

Lugares con nombre de plantas en náhuat en la Tierra de Joyas, autor Leiman Lara Guerra/El Salvador

"Plantas emblemáticas El Salvador Historia y Agricultura" se titula el segundo libro sobre la flora de El Salvador que ha sido publicado de manera independiente por el biólogo Leiman Ricardo Lara.

Su primer trabajo fue publicado en febrero de 2005 con el nombre Tierra de joyas: una descripción de las necesidades, adaptaciones, formas de vida y utilidades de las plantas de nuestro país.

La nueva publicación también tiene un formato compacto y carece de tecnicismos, ya que su objetivo es llegar a la mayor cantidad de personas posible.

Lara partió de la escasez y dispersión de documentos acerca de las plantas salvadoreñas; luego estableció una relación con las plantas que tienen bastante valor simbólico y económico para el país.

"Ya que las plantas están en los símbolos patrios, el país tendría que tener más conciencia de la conservación del ambiente", dice.

Plantas e historia

La presentación del libro fue escrita por Manuel Bonilla Alvarado, catedrático de náhuat y funcionario del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte.

"No cabe la menor duda de la importancia que la obra de Leiman Lara presenta desde el inicio, no hemos tenido la oportunidad los salvadoreños de vincular lo cívico con lo natural; muchas veces hemos repetido de manera mecánica lo que David J. Guzmán dijo en la Oración a la bandera, cantamos el Himno Nacional sin ocuparnos mayor cosa de su contenido, situaciones que Plantas emblemáticas nos hará tomar nuestro símbolos y emblemas como debe ser y sentirnos orgullosos de nuestra nacionalidad", escribió.

El libro inicia describiendo una planta cuya explotación estuvo vinculada a la independencia: el añil.
Lara retoma la hipótesis de que el azul de la bandera alude al tiente natural que se extrae de esta planta.

Luego explica los usos y la historia del laurel, que está presente en varios escudos, incluido el actual aunque se remonta al emblema de la Provincia Federal Centroamericana, de 1823.

Asimismo, el biólogo y catedrático analiza las referencias ecológicas en la letra del Himno Nacional, escrito por Juan Aberle.

Luego entra de lleno en materia y retoma el origen, los decretos (legislativos y ejecutivos), los usos y la historia de plantas insignes para la patria: el Maquilishuat, el Bálsamo, la Flor de izote, el café y el ceibo o Árbol de la Paz.

El nuevo libro está disponible en las librerías de varias universidades privadas con un precio promedio de diez dólares. Los interesados pueden contactar a Leiman Lara en su correo leimanlara@yahoo.com

Artículo publicado en El Diario de Hoy, 2 de abril de 2007 

ACTUALIZACIÓN (2014)

Leiman Lara Guerra no descansa en su titánica labor de documentar el patrimonio natural de El Salvador. En este enlace puede descargar -y por qué no COMPRAR- sus más recientes publicaciones "Flora de la República de El Salvador hasta 2010" y  "Lugares con nombres de plantas en náhuat en la Tierra de Joyas".  Como el mismo autor lo dice, el texto ubica los lugares que poseen los nombres indígenas nahuat de plantas en la República de El Salvador. Además, se ponen los posibles o acertados nombres Científicos y descripción de las plantas. 

Describe lo que se ha rescatado de  las utilidades (etnobotánica) de las plantas y se ubican los lugares que poseen los nombres indígenas nahuat de plantas en la República de El Salvador.