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lunes, 28 de abril de 2014

¿Qué tienen en común las fincas de café y los hongos silvestres?

Los cafetales poseen una gran biodiversidad. Las aves, los insectos y hasta mamíferos encuentran refugio entre la vegetación ante el avance voraz de la humanidad.

Es poco lo que nos queda, pero aún desonocemos la extensa variedad de seres vivos que se esconden entre la hojarasca, surgen de entre las raíces o las cortezas de los árboles. Muy poco sabemos de los hongos.

Las biólogas Osiris Elizabeth Tejada y Rhina Esmeralda Esquivel realizaron, en la localidad de Concepción Ataco, Ahuachapán, un estudio sobre la población de macrohongos en la finca de café La Esperanza, el cual amplía el conocimiento sobre micología salvadoreña y enriquece la colección de referencia de la Escuela de Biología de la Universidad de El Salvador.

Los resultados fueron publicados en la revista BIOMA de noviembre de 2013, una publicación salvadoreña especializada en biodiversidad.

Los hongos tienen una función muy importante: "La función de los hongos en general en el ecosistema junto con las bacterias, es de degradar o descomponer la materia orgánica y transformarla en inorgánica con el fin de incorporar nutrientes al suelo para que sean utilizados por otros organismos", dijo Osiris Tejada.

De acuerdo con las investigadoras, la Finca La Esperanza, también es conocida como “Las Cascadas de Don Juan”, y tiene una extensión de 60 hectáreas. Está ubicada en el municipio de Concepción de Ataco, Cantón El Arco, a 13 km de la ciudad de Ahuachapán. El Área se encuentra dentro de la Reserva de la Biósfera Apaneca-Lamatepec, en la zona de transición y forma parte del corredor biológico mesoamericano. Es una zona de bosque muy húmedo.

El terreno, que está entre a una altura entre  990 y 1,130 msnm, con está cubierto de café (Coffea arabica).

Una vez al mes, entre abril y agosto de 2010, las biólogas recorrían determinados senderos para recolectar las muestras. Al contar con fotografías y muestras de las setas, así como la bibliografía, lograron identificar "45 especímenes de macrohongos pertenecientes a las divisiones  Ascomycota y Basidiomycota; de los cuales 27 fueron identificadas hasta la categoría taxonómica de especie  y 18 hasta género."

Entre los hallazgos, las investigadoras indican que algunos de los géneros de setas presentes en la finca cafetalera también figuran en el Parque "Thilo Deininger", ubicado en la zona costera del departamento de La Libertad, y en el Volcán Conchagua del oriental departamento de La Unión.

Hicieron un descubrimiento muy importante: En la Finca La Esperanza hay especies de macrohongos que son parte de la cultura gastronómica típica de otros países, por ejemplo: Auricularia u "Oreja de cuche", Pleurotus u "Hongo ostra", Agaricus o "Champiñón", Lactarius u "Hongo azul" y Russula. 

En El Salvador, señala la investigación, no se cuenta con una cultura gastronómica con hongos silvestres, sólo en el occidente del país se reporta la comercialización y consumo del género Fistulina, conocido como “Tenquique”.

Osiris añadió que el país que tiene una amplia gastronomía fúngica es México, donde cultivan y consumen grandes cantidades de setas... "De ahí en Centro América es poco el consumo, algunos países como Costa Rica, Guatemala, consumen pero es poco".

Indicó que algunos autores costarricenses mencionan que en países de Europa, Asia y América del Norte se consumen algunas especies que son comestibles y que son consideradas de alto valor nutritivo que son encontradas en nuestros países.

Ambas investigadoras recomiendan profundizar la investigación de las setas no sólo en la finca, sino en áreas circundantes, con el objetivo de "conocer la biodiversidad presente y su relación con otros organismos".


Afirman que es necesario "realizar más investigaciones taxonómicas de los hongos de cafetal para aumentar conocimiento de la flora micológica de El Salvador. Es necesario que se promuevan programas de educación ambiental, para instruir a la población acerca de la importancia de las especies fúngicas para los ecosistemas terrestres y en especial de cafetal, además de promover la protección de especies vegetales que realizan asociaciones simbióticas con estos organismos".



Galería de fotos: Hongos Ascomycota de Montecristo. Cortesía de Osiris Tejada

Helotium citrina

Peziza sp

Daldinia sp

Xylaria grammica


miércoles, 23 de abril de 2014

Mi nombre para la Ciencia

El trabajo de campo es, quizás, el más emocionante para cualquier científico. Ya sea en ciencias sociales o naturales, aventurarse en lo desconocido, inventar formas de sobrevivir, recolectar datos, entablar relaciones con informantes, anotar en los diarios... nos llena de ideas y sueños.

Vaciar grabaciones, clasificar los datos y tabular es quizá menos excitante, ya no digamos los preparativos y el desarrollo de un informe, un análisis o una tesis.

Uno de los logros más importantes en la vida de cualquier investigador, especialmente en el área natural, es descubrir algo nuevo. Como en el periodismo: todos "cubren" pero muy pocos "descubren".

En El Salvador, hacer Ciencia es luchar contra todo. Por ello, aportar conocimiento nuevo debe ser reconocido y estimulado a niveles patrióticos. Pero pedir eso a los políticos es arar en el mar. La Ciencia, sin embargo, tiene sus propias formas de reconocer el esfuerzo y el empeño sincero. Una de ellas es perpetuar a quien identificó un especimen nuevo para un país o para la Ciencia en general, por medio del nombre.

La identificación de las plantas y animales se rige por las reglas estipuladas en los Códigos Internacionales de Nomenclatura Botánica y Zoológica (los cuales son independientes).

El Salvador es un inmenso laboratorio para cualquier tipo de Ciencia; pero son pocos los que han experimentado el paroxismo de la revelación, al momento culminante de determinar que lo que miran sus ojos no ha sido visto nunca por alguien más.

Como mencioné en el artículo sobre el recientemente publicado libro del Museo de Historia Natural, la creación de las colecciones se remonta a los años 70. En concreto, de acuerdo con el libro, el primer especimen de la colección de mastozoología fue un ratón (Lyomis salvini) colectado  en 1975 por Victor Helleybuck en la montaña de la Cueva de Cal, Parque Nacional El Imposible, Ahuachapán.

En esa misma época, dos pantas descubiertas en el Parque Nacional Montecristo (Metapán, Santa Ana) fueron bautizadas en honor a María Luisa Reina: Hampea reinae y Quetzalia reinae.

Posteriormente, una lagartija descubierta en el Parque Nacional El Imposible (Ahuachapán) fue nombrada por su descubridor (Köhler, 1999) en honor al ambientalista Francisco Serrano: Norops serranoi.

Norops serranoi. Fuente: http://eol.org/pages/962778/overview


La actual directora del Museo de Historia Natural, Eunice Echeverría, tiene dos distinciones tan altas, de esas que el dinero no puede comprar: su nombre y su apellido identifican a una planta y a un escarabajo, respectivamente.

Eunice Echeverría. Bióloga y directora del Museo de Historia
Natural de El Salvador. A la Izq. Eric Lemus, de la DPI.


El proyecto "Escarabajos dinástidos de Honduras, Nicaragua y El Salvador", junto al Museo de Historia Natural de Nebraska, Estados Unidos dio como resultado el hallazgo de dos nuevas especies para la ciencia: Cyclocephala melolonthina y Hemiphileurus euniciae.

Este último fue colectado en Soyapango (San Salvador) y estaba en la colección de la Universidad de El Salvador. Fue analizado y descrito por los doctores Bret Ratcliff y Ronal Cave.

Asimismo, durante las investigaciones del Herbario Nacional, Menjívar, Cerén & Morales descubrieron e identificaron en 2008 una nueva especie para la Ciencia: Meliosma echeverriae.

"Es un orgullo ser parte de un muy selecto grupo de salvadoreños que tenemos esta distinción mundial y bueno.... es un estimulo grande que te impulsa ha seguir trabajando, se siente bien que se aprecie el trabajo que se realiza", me confió Eunice.

Libro celebra la vida del Museo de Historia Natural


Es un paraje atípico en el centro de San Salvador. El camino sinuoso, amurallado por la vegetación, termina en un patio donde el sol irrumpe con fuerza. Así es el corazón del trópico.

La casona, que una vez fue habitada por los dueños de una finca, alberga una institución que lucha contra viento y marea por preservar una parte del patrimonio de El Salvador: El Museo de Historia Natural.

El espacio de las exhibiciones es reducido, pero expone 130 años de historia no sólo del patrimonio natural salvadoreño sino de quienes a su paso por sus escritorios y sesiones de campo han colaborado en la tarea de reconocimiento y valoración.

"El Museo de Historia Natural de El Salvador. Su inicio, su evolución y futuro" de la Dirección de Publicaciones e Impresos (DPI) es un libro necesario.

De forma precisa, hace un recuento de las fechas y acontecimientos más importantes en la historia de la conformación de las colecciones del Museo que se remonta a los decretos de 1883 y 1941. Las colecciones de Paleontología, Zoología y Botánica guardan formación indispensable para la toma de decisiones respecto a la conservación y manejo de la biodiversidad, ante el cambio climático, nuevas investigaciones y más.

La colección de Paleontología nació en 1978 y cuenta con 2,438 piezas de fósiles de mamóferos, invertebrados y plantas. La colección de rocas y minerales inició ese mismo año por iniciativa del investigador Stephen Perrigo. Contiene 174 rocas minerales y 346 rocas colectadas en distintas partes del país. La sección de Zoología está subdividida en malacología, aracnología, entomología, ictiología, herpetología, ornitología y mastozoología.

El Museo forma parte del Parque Saburo Hirao, en memoria del empresario japonés quien gestó la donación del terreno (1974) a nombre de la empresa textilera IUSA.

La investigación y expansión de las colecciones originales se detuvo durante la guerra civil (1979-1992) y han sufrido las consecuencias de terremotos e inundaciones. No obstante, entre los logros recientes están la restauración de sus instalaciones (2003) y la construcción de un anexo que alberga al Herbario Nacional, el cual cuenta con especimenes de 270 familias botánicas.

El Museo cuenta, además, con talleres especializados de conservación y restauración, taxidermia, servicios educativos y museografía, educación, museología y Biblioteca Especializada.

La publicación del libro, sin duda, dará un nuevo impulso al trabajo que realiza desde la dirección Eunice Echeverría.

domingo, 5 de agosto de 2007

La joya de San Vicente

Nerviosas, las lagartijas de resplandeciente cola azul, espalda verde y costado rojizo, recorren el patio que rodea la cabaña, la misma que aspira a convertirse en el museo que explicará a los visitantes la riqueza natural del área protegida La Joya-Sisimico, en San Vicente. Dorotea Vásquez, que integra el grupo de guardabosques, detiene por unos segundos su relato, observa el colorido reptil que se acerca a sus botas y continúa la explicación: éste es un bosque seco de mil 21 hectáreas de extensión, donde concurren por lo menos ocho ríos y quebradas y alberga decenas más de un ciento de especies de aves, mamíferos, reptiles y, desde luego, plantas. Interrumpe de nuevo porque hay que emprender la caminata que tiene como guías a sus compañeros. También participarán sus colegas de un área protegida de Chalchuapa y el botánico José Linares, quien les ayudará a identificar correctamente muchas plantas, ya que de algunas sólo conocen el nombre común y, de otras, sólo su existencia. El sol arde y golpea de frente en el empinado ascenso por el cerro Turringo. La Joya tiene varias montañas que se elevan hasta 490 metros sobre el nivel del mar y en el camino, rodeando algún arbusto, serán frecuentes diálogos como el siguiente: - ¿Y esto qué es? - Este es 'cachito' o 'pico de gorrión'. Cuando no está seco se come. Pruebe... O este otro: - ¿Cómo se llama esta? -Ahhh... es una sandiíta -Cabal, de las que se comen las culebras... De acuerdo con el Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales (MARN), La Joya es el único relicto boscoso que queda en el Valle de Jiboa y, por ende en todo San Vicente; perteneció al ex presidente Pío Romero Bosque, a quien le fue expropiado durante la reforma agraria y aproximadamente en 1982 fue reconocido por su "vocación forestal". Dorotea recuerda que, de niña, no conoció los venados. Cuando aparecía uno en el caserío, toda la gente se agrupaba hasta matarlo. También tiene memoria de cómo los cazadores y taladores hicieron de las suyas ante la ausencia de control. Por años hubo gran extensión de árboles maderables como el cedro, así como conacastes, carretos, almendros y copinoles. "Hay de nuevo pero es poco, hemos sembrado", añade. Asegura que hubo bastante saqueo cultural. A falta de una exploración arqueológica, la única evidencia de la ocupación antigua son los obrajes de añil. Es una lástima que, por la bulla de la expedición, ningún animal salvo las aves o insectos, podría asomar en los senderos. Los guardabosques cuentan que al atardecer es muy posible encontrar venados (cola blanca o roja) como coyotes; sería demasiada la suerte si se alcanza a ver algún puma, tigrillo y hasta ocelote, ya que se acercan a beber agua en los nacimientos. Esta zona estuvo bajo control de la guerrilla en los años 80, razón que motivó al abandono. Con la firma de los Acuerdos de Paz vino la repoblación, pero también la expansión de la agricultura intensiva y, por ende, el interés de la comunidad por preservar el ecosistema. Con el respaldo de la Fundación Promotora de Cooperativas (Funprocoop), la comunidad firmó un convenio de co-manejo con el MARN. En conjunto accedieron a un proyecto por dos años y administran 92 mil dólares, otorgados por el Fondo de Iniciativa para las Américas-El Salvador (FIAES); así han dado los primeros pasos para estructurar y llevar a cabo un plan de manejo, explicó el técnico ministerial de la reserva, Víctor Cuchilla. "La aspiración es potenciar y cimentar el área y crear el plan de manejo", dijo. Pequeño gran museo Gabriel Cortez administra la reserva y lidia con los problemas que eso conlleva; el más importante es el registral, ya que el terreno no ha sido transferido por el Instituto Salvadoreño de Transformación Agraria (ISTA) al MARN. Además, señala que un sector ha sido usurpado por una cooperativa y hay particulares interesados en reclamar como suyas zonas de alta captación de agua. No obstante, están desarrollando un pequeño museo para mostrar la riqueza de la biodiversidad de la zona y generar conciencia al país de que urge protegerla. Por el momento, la cabaña mantiene una pequeña colección de fósiles de vertebrados, insectos y plantas; algunos de ellos fueron recuperados y otros han sido colectados en la barranca del Sisimico, ubicada a pocos kilómetros de distancia. Linares explicó que, pese a que es reciente, la vegetación de La Joya es muy importante. "Estos bosques son el reservorio de material genético que de otra manera se perdería irremediablemente para El Salvador. Son fuentes que captan agua y la liberan poco a poco para que la gente la utilice; si hubiera cultivos anuales esa agua se escurriría a los ríos y de allí al mar". Las lluvias tampoco se infiltrarían, advirtió. El trayecto incluye el recorrido por un pantanal, ríos y quebradas, alguno con agua caliente. El retorno, una hora después, es posible sorteando algunos alambrados sostenidos por árboles de madrecacao en flor. Ya en la caseta-museo, Linares conjetura emocionado sobre la similitud del pasado y el presente de la flora del sitio, a partir de los fósiles del Sisimico que ya integran la colección. Ordena las muestras que serán depositadas en un herbario, preferiblemente el del Museo de Historia Natural. "Allí se identificarán, a la espera de alguna posible sorpresa", puntualizó.


Nota complementaria
Recurso milenario, pero no eterno

Más bien, millonario. Los fósiles de la barranca del Sisimico se remontan al pleistoceno, una época geológica que se remonta a los 1.8-1.6 millones y los 10 mil años antes del presente. Los estudios sobre la zona datan del siglo pasado y carecen de actualización. Por ello, el encargado de la reserva, Gabriel Cortez, solicitó que el paleontólogo Juan Carlos Cisneros se integrara al equipo de trabajo en octubre de 2006 para que les ayudara a identificar los fósiles. Él ha aplicado técnicas de conservación, organizado un catálogo de la incipiente colección para que sea registrada en el gobierno y ha preparado material didáctico para la comunidad. Steve Perrigo y David Webb, en un artículo científico de 1984, dijeron que la barranca evidencia la migración de los primeros mamíferos terrestres previo al surgimiento de Centroamérica como puente. Cisneros recordó que la barranca es único. "Es más diverso que el Tomayate y que cualquier otro sitio del istmo. El área de La Joya no ha sido bien explorada por paleontólogos y podría albergar otros sitios con fósiles", dijo. Entre los hallazgos hay novedades y nuevos ejemplares de especies raras, como el diente de un perezoso que no se había registrado. Parece que hay nuevos reportes de plantas pero esto debe ser confirmado por José Linares pues sus observaciones han sido preliminares. Se encontró material de toxodonte, que es raro en El Salvador, aunque ya se habían encontrado en el Sisimico", precisó.

Reportaje publicado en El Diario de Hoy el 9 de marzo de 2007 http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_estilos.asp?idCat=3816&idArt=1202829