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lunes, 28 de marzo de 2011

Científico salvadoreño aporta al descubrimiento de una nueva especie


Dibujo del Tiarajudens eccentricus


CARMEN MOLINA TAMACAS
Viernes, 25 de Marzo de 2011
www.elsalvador.com


La prestigiosa revista científica Science publicó el 25 de marzo un artículo que abona al estudio de la fauna prehistórica, el cual tiene aportes del científico salvadoreño Juan Carlos Cisneros.

El descubrimiento ha sido titulado "Descubierto un vertebrado herbívoro de más de 260 millones de años, con dientes de sable y evidencias de masticación".

La publicación detalla la importancia de esta nueva especie para la ciencia, que será llamada Tiarajudens eccentricus; esto significa "diente excéntrico de Tiarajú" (la localidad en Río Grande do Sul donde fue descubierto).

Cisneros (biólogo y paleontólogo), quien labora en el Centro de Ciencias de la Naturaleza de la Universidad Federal de Piauí, formó equipo con Fernando Abdalá, Bruce S. Rubidge, Paula Camboim Dentzien-Dias y Ana de Oliveira Bueno, de las universidades Federal de Río Grande do Sul (UFGRGS), y de Witwatersrand (Sudáfrica), de acuerdo con un informe de divulgación.

El Tiarajudens eccentricus es un terápsido (antiguo linaje de los vertebrados que dieron origen a los mamíferos) y vivió en el Período Permiano de la Era Paleozoica, es decir, por lo menos 260 millones de años atrás.

"Fue una suerte haberla encontrado. Estos dientes no los tiene ningún animal conocido. Eso nos permitió asegurarnos de que se trataba de una especie nueva", declaró Cisneros a la BBC.

El animal, explican los expertos, tiene el tamaño de un tapir y entre sus rasgos más curiosos destaca la presencia de dientes alargados, similares a los de un "capivara".

"Es el registro más antiguo de un herbívoro con dientes de sable", afirman. Otros animales extintos ya presentaban este tipo de dientes, pero se sabía que eran carnívoros; uno herbívoro constituye una rareza.

"El contacto diente-diente (oclusión dental o masticación) representa un gran avance que permitió el procesamiento de la comida dentro de la boca", añade el reporte.

Cisneros trabajó a principios de la década pasada en el Museo de Historia Natural de El Salvador; ha publicado artículos académicos sobre los fósiles del Río Tomayate (Apopa).

El descubrimiento ha tenido eco en decenas de medios internacionales, como The New York Times, Discovery, National Geographic entre otros.

domingo, 19 de septiembre de 2010

El valor cultural y científico de la elefanta Manyula

» Si la elefanta muere, su piel y esqueleto deberían ser conservados en el Museo de Historia Natural del país, opinan académicos consultados

Carmen Molina Tamacas / Enrique Carranza
Domingo, 19 de Septiembre de 2010

Si la elefanta Manyula muere, sus restos deberían ser conservados y resguardados dentro de un museo, tanto con fines educativos como científicos, opinan diversos académicos consultados.

En la semana reciente, se ha informado que adolece de un grave problema de salud, en parte por su avanzada edad: el próximo mes celebrará su 60o. aniversario.

Podría ser conservada mediante un proceso denominado taxidermización, con lo cual podría estar en exhibición de forma permanente. Este es un proceso delicado, que requiere materiales e instrumentos específicos, así como personal técnico especializado.

Su esqueleto podría servir para enseñar a los estudiantes sobre la vida de los elefantes y la historia particular de la Manyula, que este año llegará a los 60 años de vida.

También podría ayudar en el estudio de los fósiles de mastodontes que han sido encontrados en territorio nacional, opinó el paleontólogo Juan Carlos Cisneros, quien actualmente se desempeña como catedrático de la Universidad Federal de Piauí, en la ciudad de Teresina, Brasil.

"La Manyula, al igual que los mastodontes, es un proboscídeo (que tienen trompa), y sus huesos son muy parecidos. Tener un esqueleto completo de elefante en el Museo de Historia Natural ayudaría, por comparación, a reconocer algunos huesos de mastodonte que se encuentran en la colección pero que no han sido reconocidos. No sólo ayudaría a reconocerlos, si no a saber con más precisión de qué parte del cuerpo son, de qué lado del cuerpo (izquierda o derecha), etc.", precisó.

Cisneros, quien trabajó en el Museo de Historia Natural de El Salvador cuando fue descubierto el yacimiento de fósiles del río Tomayate, en Apopa, recuerda las dificultades que plantea la escasez de materiales para hacer comparaciones.

Por su parte, el antropólogo Jorge Colorado, docente de la Universidad Tecnológica de El Salvador, respalda la opción que el ejemplar sea conservado.

"Hay que conservar los restos óseos de Manyula con fines educativo. Creo que ha sido el elefante mas triste del mundo, vivió en un espacio no adecuado, sin otros de su especie, y confinada a la terrible contaminación que rodea el Zoológico", indicó.


Otros científicos que pidieron no ser citados para este artículo, opinaron que el costo de taxidermizar a un elefante es excesivo, ante las carencias de otras instituciones de salud y educativas del país.

Gobierno valora opciones

"Por el momento Manyula sigue delicada, el veterinario la va a revisar en un momento", sostuvo Humberto Sánchez, Humberto Sánchez, coordinador de parques urbanos de la Dirección Nacional de Espacios de Desarrollo Cultural.

De fallecer se ha considerado enterrarla, previo se deberá establecer la causa de muerte, ese proceso se puede tardar unos tres días, añadió.

"Se ha valorado taxidermizarla -disecarla- el costo de esto ronda entre 35 y 45 mil dólares, el procedimiento lo realizaría gente local, con experiencia, en este caso -disecarla- se utiliza sólo la piel y lo demás se entierra", detalló.

Ambas son valoraciones nada más, aún no hay decisión tomada, según declaró Sánchez.

Salvadoreños opinan

En la página de elsalvador.com de la red social Facebook, decenas de salvadoreños han opinado no sólo acerca de la salud de la Manyula, sino qué debería cuando eventualmente deje de vivir.

"Si Manyula muere, yo espero que ya no traigan otro elefante para tenerlos en ese pseudo zoológico, es triste ver que ni por los animales tenemos respeto, y que tan incapaz es el gobierno este y todos los anteriores en tantas cosas, como lo es para no poner personas capacitadas para poder tener un zoológico en buenas condiciones, no que todo animal que toca el zoo, se muere, así es que lo mejor que debería de hacer es que ya no traigan más animales", opinó la usuaria B María G. Goria.

Por su parte, Óscar Méndez dice: "Es una lástima... me gustaría que crearan un mural en honor a Manyula o algo artístico antes de su descanso eterno que muchos lamentaremos".

El fotoperiodista Francisco Campos ha sugerido que se haga una réplica de la elefanta, incluso de cemento. Otros usuarios de Facebook han dicho que ésta debería estar dentro del Zoológico Nacional y que debería desplazar a la del Oso Hormiguero.

Juan José López Torres está reuniendo votos para pedir que sea preservado el esqueleto de la paquiderma. "Quiero invitarlos a formular una iniciativa que preserve la osamenta de la que aún nos evoca recuerdos de nuestra infancia", invitó.

domingo, 5 de agosto de 2007

Río Tomayate: cementerio de animales prehistóricos de Apopa

Apopa es una ciudad que ha crecido a fuerza de alojar muchas fábricas y tener como principal acceso la Carretera Troncal del Norte, vía que de San Salvador conduce a "El Poy", la frontera con Honduras. Para llegar allí es indispensable luchar durante 12 kilómetros con el tráfico de los furgones repletos de mercadería y los autobuses interdepartamentales que viajan hacia el norte del país. El respiro de alivio ocurre al divisar una gasolinera -a la izquierda- que sirve como punto de referencia para ubicar la entrada a este municipio de 400 mil habitantes. Esa estación de combustible sirvió como punto de encuentro en abril del año pasado cuando emprendimos la búsqueda de una barranca que había guardado un secreto durante varios miles de años.
La calle que serpentea los contornos del cementerio municipal nos condujo hacia una empinada y empedrada pendiente, donde nos aguardaba don Teófilo Reyes Chavarría, un humilde albañil de 40 años que vive con su familia en una pequeña vivienda de lámina. En un depósito de plástico rosado y envueltos en bolsas y papel periódico reposaban fragmentos de osamenta, un molar del tamaño de una mano humana y una porción de algo que parecía un colmillo gigante. "Yo les decía a los cipotes que tenía los huesos de un dinosaurio y cuando se los enseñé me creyeron", comentó entre risas. El director del Museo de Historia Natural, Daniel Aguilar no puso atención a la broma. Absorto primero y eufórico después, aseguró que los huesos no pertenecían a un dinosaurio, sino de un mastodonte, un animal más grande que un elefante asiático, que vivió en nuestras tierras hace aproximadamente tres millones de años. Además de Aguilar, la primera inspección oficial incluyó al arqueólogo Fabricio Valdivieso, al director de Comunicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura), el biólogo Ricardo Ibarra, un colega fotoperiodista y yo. Ninguno contaba con que tendríamos que descender hacia un barranco de unos siete metros insertando las botas entre las raíces de un árbol de amate con el auxilio de un lazo viejo para llegar hasta la ribera de uno de los ríos más contaminados del Gran San Salvador: el Tomayate. El manto lechoso avanza arrastrando las aguas negras y los desperdicios de casi todas las comunidades ubicadas en los contornos de la Troncal del Norte. Pero el interés científico y periodístico por conocer el sitio exacto en el que don Teófilo encontró los restos fosilizados del mastodonte privó sobre el riesgo y la insalubridad. Así, bajamos uno por uno hacia el pequeño margen de unos cuantos metros donde no cabía alguien además de los presentes. Con algunos instrumentos en mano, Aguilar escarbó levemente en uno de los paredones que sirven de margen al caudal del río y descubrió más huesos fosilizados. Un gran cementerio prehistórico
Increíble pero cierto: los "huesitos" que guardaba don Teófilo eran una pequeña muestra de lo que existe en este lugar. Decenas de salientes en medio de la tierra y de enredadas raíces de los árboles -visibles sólo para los ojos de un científico como Aguilar- revelaron que el lugar es un gran cementerio de grandes animales prehistóricos. El mismo día, Aguilar informó a los titulares de Concultura que era necesario hacer excavaciones en el lugar. Mientras, yo me encargué de redactar un reportaje especial: El 1º. de abril de 2001 -apenas dos meses después de que gran parte del país fue dañado por dos terremotos- se convirtió en la fecha oficial del descubrimiento del yacimiento de fósiles más grande y diverso de Centroamérica. La curiosa noticia fue retomada por casi todos los medios de comunicación, nacionales e internacionales como en prensa escrita, televisión e Internet. Una cucharada de ciencia y conocimiento para la población entre la apretada agenda periodística saturada de crónicas policiales, judiciales y políticas.

Nota complementaria
Hablemos sobre fósiles
El Salvador es parte de un territorio que terminó de emerger del mar hace unos dos o tres millones de años, para convertirse en un "puente" entre el norte y el sur de América. Ocurrió entonces un fenómeno de gran interés para los científicos que estudian la historia de la vida en nuestro planeta: muchos animales del sur de emigraron hacia el norte, utilizando nuestros territorios como puente… y viceversa. Muchos hicieron de lo que más tarde se convertiría en Centroamérica su hogar. Ese "Gran intercambio" fue decisivo para el desarrollo de la futura biodiversidad de la región, ya que sólo los animales que se adaptaron al nuevo medio sobrevivieron. Por eso, ningún salvadoreño o centroamericano debería extrañarse de que el subsuelo albergue esos secretos. El problema es que no ha habido interés de los sucesivos gobiernos para financiar estudios que nos los revelen. Los pocos documentos que existen en El Salvador respecto a los yacimientos de fósiles fueron dejados por particulares que los estudiaron -algunos empíricamente, otros científicamente- en diferentes momentos desde finales del siglo XIX. Antes del importante descubrimiento en las riberas del río Tomayate sólo se había registrado algunos eventos de la misma naturaleza: Los naturalistas David J. Guzmán, Jorge Lardé y su hijo Jorge Lardé y Larín notificaron la existencia de varios yacimientos de fósiles pero no los investigaron de manera formal. No obstante, entre 1941 y 1942, una expedición de científicos de la Universidad de California en Berkeley realizó un estudio geológico de El Salvador auspiciado por The Geological Society of America. R.A. Stirton y William K. Gealy reportaron numerosos lugares con fósiles, entre los cuales destaca El Hormiguero -en San Miguel- donde fueron encontrados restos de animales del período Pleistoceno Tardío. En 1958, el académico Tomás Fidias Jiménez, jefe del Departamento de Excavaciones Arqueológicas del gobierno, presentó ante el 33º. Congreso Internacional de Americanistas, el resultado de su investigación sobre el hallazgo de un mastodonte en "Las Víboras", San Vicente. Stephen Perrigo y David Webb realizaron otro estudio acerca de la fauna vertebrada del período Cenozoico Tardío en Honduras y El Salvador, mientras el primero colaboraba en el Museo de Historia Natural de El Salvador como parte de la delegación de los Cuerpos de Paz de Estados Unidos. Los demás países de la región han corrido la misma suerte: descubrimientos accidentales y poca investigación. Sin embargo, el Gobierno de El Salvador tomó cartas en el asunto y armó un equipo de especialistas para rescatar los fósiles: paleontólogos, restauradores, arqueólogos y personal del Museo Nacional de Antropología "David J. Guzmán" y del Museo de Historia Natural. Entre los ayudantes se encontraba don Teófilo -quien descubrió los fósiles- y su hermano Francisco.

Artículo publicado en la revista electrónica Queondas.com en 2004 http://www.queondas.com/aqui_estamos/reportajes/tomayate1.htm