miércoles, 18 de julio de 2012

Mis abuelos indios

Por Carmen Molina Tamacas


Durante las últimas semanas he asistido, por internet, a las magistrales conferencias impartidas por investigadores nacionales y extranjeros realizadas en el ciclo de ponencias de la Academia Salvadoreña de la Historia.

El título del importante ciclo de conferencias de la Academia es “Identidades compartidas. La herencia étnica y cultural en la historia de El Salvador”, y ha explorado desde la demografía en los primeros años de la colonia (Eugenia López Velásquez), las migraciones nahuas (Marlon Escamilla), la religiosidad popular (Antonio García Espada), los ritos religiosos y otros elementos de la herencia africana (Marielba Herrera y Wolfang Effenberger) y aún faltan por desarrollarse otros temas tan apasionantes como las migraciones árabes, chinas, israelíes, vascas y catalanas.
Los Tres Detectives del Espacio, santos populares en El Salvador.



Al escuchar los frutos de las investigaciones realizadas, reflexiono acerca de la tarea pendiente que existe en El Salvador en cuanto al análisis de la etnicidad. No debe de sorprendernos que a estas alturas haya gente que dude respecto a la existencia de pueblos indígenas o, peor aún, que la nieguen. Y más ahora con la explosión del turismo interno, localidades como Ataco son imán para artesanos de todas partes, pero las ventas de artesanías están llenas de productos guatemaltecos mimetizados… Tanto se habla de Ilobasco como el corazón alfarero nacional pero pocos saben que lo que compran es loza traída de Honduras, según descubrió una de mis inquietas exalumnas de las Escuelas de Jóvenes Talentos.


La etnicidad, como lo demuestran los destacados académicos que han presentados sus ponencias, no debe reducirse a algo “pasado” o “extinto”, sino a algo presente, tan presente en nuestra cotidianidad como el lenguaje, la comida y las costumbres, entre otras manifestaciones de nuestra cultura.


Que existan cultos religiosos de origen africano; que hace poquísimo tiempo los dos principales representantes y antagónicos políticos fueran de origen palestino, que las madres sigan poniendo ojos de venado y pulseras rojas a los recién nacidos y que los tamales y las tortillas sean parte de nuestra dieta básica, no es casualidad: nuestro país tiene una riqueza multiétnica que ha pasado inadvertida quizás a propósito, bajo el velo mítico del mestizaje.


De ese cúmulo de conocimientos que re-des-velan los investigadores, a nuestra disposición por medios electrónicos (YouTube), conversaba con mi amiga y colega Marielba Herrera –actualmente enfocada en investigar la herencia africana- sobre las implicaciones del Censo Nacional de Población de 2007, que por primera vez incluyó una pregunta sobre el origen étnico de los hogares salvadoreños.
Antropóloga Marielba Herrera.



Ese censo proporcionó datos sobre las poblaciones indígenas y seguramente eso incidió en algunas de las tímidas políticas gubernamentales instauradas posteriormente a favor de éstas, aunque la muestra de respeto y el reconocimiento de la “existencia” no implicó satisfacer su reclamo histórico por la tenencia de la tierra. Como lo expuso el investigador Effenberger , el censo proporcionó cifras de población ACTUAL de origen africano, pero ¿alguien los ha tomado en cuenta? ¿Y qué decir de las otras poblaciones étnicas como árabes, judíos, alemanes, chinos, catalanes que hay en el país?


Respecto a esta herencia africana que apenas comenzamos a vislumbrar, merece la pena destacar los resultados de la investigación sobre la peligrosa bacteria gástrica Helicobacter pylori, realizado por investigadores salvadoreños de la Universidad “Dr. José Matías Delgado” y colegas de la Washington University de St. Luis Misuri, Estados Unidos.


La microbióloga salvadoreña María Teresita Bertoli encabeza el equipo que logró establecer la secuencia completa del genoma de esta bacteria patógena gástrica, la cual estaría presente en gran parte de la población salvadoreña y en la mitad del mundo y sería responsable de úlceras gástricas y duodenales, cáncer de estómago y anemia.


El estudio realizó comparaciones sobre la fuerza de la bacteria en pacientes tanto en El Salvador como en Costa Rica. La bacteria fue localizada en un paciente originario de Ahuachapán.


“Desde la perspectiva antropológica es potencialmente interesante ya que las variaciones genéticas de esta bacteria en distintas poblaciones, han sido utilizadas para obtener nuevas evidencias de la evolución de los seres humanos y los movimientos migratorios  a lo largo de la historia de la humanidad.  Una inspección preliminar del genoma de la cepa salvadoreña sugiere la presencia de genes de origen africano, amerindio y europeo”, indica en un artículo inédito.


Este tipo de trabajos no sólo nos confirma la mezcla que somos, aquellos “turbios hilos de la sangre” de los que habló Francisco Andrés Escobar.   


Mientras Marielba y Wolfang nos trabajan para revelarnos las manifestaciones religiosas africanas en el oriente del país, María Teresita quiere aportar sus conocimientos para entender y combatir las enfermedades infecciosas y el cáncer gástrico.


“El análisis de genomas completos de cepas de distintas regiones del mundo y asociadas  a distintas patologías permitirá a la comunidad científica el diseño de nuevos experimentos encaminados a discernir los mecanismos que conllevan  en los seres humanos al desarrollo o no de patologías, así como al desarrollo de nuevos procedimientos diagnósticos y tratamientos más efectivos”. Los esfuerzos van encaminados, nada más y nada menos, a mejorar la salud en El Salvador… y en el mundo.


Todas esas inquietudes me asaltan no solo en el intelecto, sino en lo cotidiano, ya que estoy viviendo dos intensas experiencias con la etnicidad.


Vivo en una zona de Brooklyn (Nueva York) donde lo “distinto” es la regla: un área de fundación judía, con una gran tradición constructiva y comercial italiana, ahora convertida en el “tercer Chinatown” y uno de los principales destinos de la diáspora rusa (russian-speaking jewish) que tiene, además, una creciente población guatemalteca originaria de aldeas quichés del altiplano y una fuerza laboral mexicana importante. Eso para “resumirlo” de alguna forma, constituye una experiencia multicultural intensa e inquietante.


¿Cómo vino toda esta gente? ¿cómo es la experiencia post soviética en Estados Unidos? ¿por qué los chinos se afanan recolectando cada lata y cada botella para no perder fracciones de centavos en las máquinas del reciclaje? ¿cómo es la intimidad de los hogares judíos ortodoxos, sunitas o chiítas ubicados en mi mismo vecindario?


Hasta aquí no he hablado nada de “Mis abuelos indios”, o el pretexto para escribir este texto. Y es porque de eso se trata la segunda e intensa experiencia étnica que de mi vida: la construcción de mi árbol genealógico.


Todo comenzó hace 5 años, en la materia de Parentesco y Estructura Social que impartía Lorena Cuerno a los estudiantes que estábamos próximos a egresar de Antropología de la Universidad Tecnológica. Y fue fácil debido a la cercanía con mis familias materna y paterna. Pero apenas abarqué unas cuatro generaciones. Con el nacimiento de mi hija sentí que debía ampliar la búsqueda hacia su familia paterna y saber más de la mía.


Como cualquier “investigador”, fui esa presencia incómoda, haciendo demasiadas preguntas, y, lo peor, haciendo anotaciones; suplicando por la apertura de gavetas, baúles, álbumes. Con la pena de interrogar a mis mayores obteniendo en el peor de los casos un “ya no me acuerdo”.
El origen étnico estaba presente en las partidad de nacimiento en El Salvador en 1910.



Una certificación de la partida de nacimiento de mi bisabuela paterna, extendida en San Bartolomé Perulapía, Cuscatlán, en 1914, fue toda una revelación para mí: la Mamá Mariana, nacida en 1888, era “india”. Y esta semana, buceando en los archivos compilados por FamilySearch.org –la organización genealógica de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos días- encontré el registro del hijo de ella, mi abuelo nacido en 1910, otro “indígena”. El registro de nacimiento en 1925 de mi abuela materna, originaria de Suchitoto, Cuscatlán, dice que ella es “ladina”. Y paremos de contar, porque del resto de la parentela no hay más registros alusivos a su origen étnico. Recuerdo que en las Cédulas de Identidad Personal de alguna generación anterior a la mía, todavía aparecía esa categorización, y la más usada: “mestizo”.



¿Cuál era el criterio para asignar una categoría étnica a un recién nacido en esa época? ¿quedaba a discreción del secretario de la municipalidad por simple apreciación? ¿por qué en algunas alcaldías se hacía y en otras no? ¿por qué dejó de usarse? ¿debería seguir siendo usada?


Mis abuelos indios, como los ancestros de muchos salvadoreños, quedaron invisibilizados por el afán homogenizador heredado del etnocidio de 1932, de que aquí todos somos iguales para que nadie se sienta con derecho a pedir cosas que no están en la Constitución (y vaya que nuestra Constitución no está pasando por sus mejores días).


Me duele como siempre  en las conversaciones, comentarios y las redes sociales los insultos y las burlas siempre –siempre- tienen un enfoque étnico y discriminador: el indio, el negro, el cholero, el feo, el grencho, el culero, la marimacha… ¿por qué somos así? ¿la burla y el desprecio serán parte de nuestra identidad?
Hallar el nombre de una tatarabuela perdida en archivos de mediados del siglo XIX –que ya no existen porque la alcaldía de la localidad fue incendiada durante la guerra- de quien casi nadie tenía referencias sino lejanos recuerdos y suposiciones, y los nombres de sus padres, no tiene precio. Pero lejos de saciar mi apetito de información, me abrió más interrogantes. Quizás toda esa información no es útil para nadie más que para mí; pero en honor a la herencia que todos esos abuelitos me transmitieron, seguiré buscándolos… acaso para saber quién soy y de dónde vengo.

viernes, 13 de julio de 2012

Archivo General de la Nación de El Salvador en riesgo




Boletín para difusión inmediata:

CARTA ABIERTA A  LA OPINIÓN PÚBLICA SALVADOREÑA

Una amenaza pende sobre el Archivo General de la Nación (AGN):  la Señora
Secretaria de Cultura ha dado orden irrevocable de desocupar la mitad del espacio en
que funciona el AGN,  en la primera planta del Palacio Nacional,  sin destinarle otro
espacio para continuar funcionando, con lo cual pone en grave peligro el patrimonio
cultural albergado en el AGN y el edificio del Palacio Nacional.

La actual Secretaria de Cultura, Magdalena de Granadino, tiene entre sus proyectos
uno que implica reavivar la ciudad de San Salvador culturalmente hablando, llamado
“Viva el Centro”. Este proyecto tiene dos grandes problemas: el primero, que quiere
inaugurarlo en la primera semana de agosto, en el marco de las fiestas agostinas, o
sea en menos de un mes; y el segundo, que quiere hacerlo en un espacio desde hace
más de 40 años ocupado por el Archivo General de la Nación, que dicho sea de paso,
es también una instancia de la Secretaría de Cultura, bajo la Dirección Nacional de
Investigaciones en Cultura y Arte (DNI).

Por la premura con que se quiere inaugurar el proyecto, al AGN no se le han
solicitado informes técnicos sobre la factibilidad de la reducción de los espacios
ocupados por el archivo. Tampoco sabemos si la Dirección de Patrimonio Cultural ha
planteado que se trata de una edificación declarada Patrimonio Cultural del país, y
que por tanto su uso se rige bajo ciertas normas.

Sin diálogo previo y sin ninguna advertencia, la dirección del AGN recibió la primera
semana de julio la orden de desalojar el 50% del espacio que ocupa y de reducir su
funcionamiento a la otra mitad de la primera planta del Palacio Nacional.
Cumplir dicha orden significaría acumular la documentación histórica del país en
espacios no adecuados, y  con ello  poner en riesgo el patrimonio documental
salvadoreño, contraviniendo la Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural; y la
salud de los empleados y las empleadas, ya que trabajar dentro de los depósitos
documentales  saturados o en sótanos implica estar en condiciones de poca
luminosidad y en espacios de limitada circulación del aire, con ello se estaría violando el reglamento de relaciones laborales del órgano Ejecutivo, inciso cuatro, que, sobre
las condiciones de trabajo, señala que debe evitarse el sobreesfuerzo y hacinamiento.

También implicaría deshacer el trabajo de catalogación que se viene realizando desde
2011 y cerrar o limitar el servicio al público, con lo que  se  obstaculizaría la
investigación histórica de El Salvador indefinidamente. Esta situación pondría al
AGN en condiciones de incumplimiento a la Ley de Acceso a la Información, que
obliga, en su Capítulo IV, a todas las instituciones púbicas a mantener los archivos
organizados y a garantizar el acceso de la ciudadanía a la documentación.

Finalmente, el Archivo General de la Nación no podría seguir siendo el depositario de
la documentación histórica que transfieren regularmente las demás instancias del
Estado, ¿a dónde irá a parar esa valiosa documentación?, ¿quién se encargará de
conservarla, organizarla y catalogarla?, ¿de qué manera el público, profesional de las
Ciencias Sociales, podrá consultarla para explicar la historia de nuestro país?

Los empleados y empleadas del AGN hacemos un llamado a los profesionales de la
historia y de las Ciencias Sociales, a las Universidades, así como a la ciudadanía en
general a defender el funcionamiento del Archivo General de la Nación y a exigir que
se garantice la preservación de una joya arquitectónica de principios de siglo XX como
es el Palacio Nacional.

lunes, 11 de junio de 2012

Ciclo de conferencias "Identidades compartidas" Conferencia Patronos populares salvadoreños Evento público --- Ponente: Antonio García Espada Sábado 16 de junio 10am Academia Salvadoreña de la Historia (Alameda Juan Pablo II y Novena Avenida Norte #425 - Esquina opuesta al Indes) * Transmisión en vivo http://www.livestream.com/ccespanasv

jueves, 21 de julio de 2011

Transbordador Atlantis, viaje final



Foto: Víctor Hurtarte
ASTRO


Reuters Jueves, 21 de Julio de 2011
(Publicado en elsalvador.com)

El transbordador espacial Atlantis tocó tierra el jueves en el Centro Espacial Kennedy de Florida, completando una misión de reabastecimiento de 13 días a la Estación Espacial Internacional y poniendo fin a una odisea de 30 años del programa de transbordadores de la NASA.

El comandante Chris Ferguson pilotó suavemente la nave de 100 toneladas de peso en el aterrizaje en el Centro Espacial Kennedy, a pocos kilómetros de donde el Atlantis se exhibirá como pieza de museo.

Unos estruendos dobles rompieron el silencio previo al amanecer en el centro espacial, en la que será la última vez que sus residentes escucharán el sonido de un transbordador regresando a casa.

Ferguson aterrizó el Atlantis a las 05:57 hora del este de Estados Unidos (0957 GMT), finalizando un viaje de 8,4 millones de kilómetros y cerrando un capítulo clave en la historia de los vuelos espaciales.

"Misión cumplida, Houston", dijo Ferguson a través de la radio al centro de control de la misión.

El astronauta Barry Wilmore, desde el centro de control, le respondió: "Aprovechamos esta oportunidad para felicitarte, Atlantis, así como a los miles de individuos apasionados en todo este gran programa espacial que dio fuerza a esta increíble nave espacial, que durante tres décadas ha inspirado a millones de personas alrededor del mundo".

El regreso del Atlantis, la misión 135 de los transbordadores, pone fin a un programa de 30 años que hizo que los vuelos espaciales parecieran una rutina, a pesar de los dos accidentes mortales en los que murieron 14 astronautas y que destrozaron dos de las cinco naves espaciales de la NASA.

La última junta de investigación de accidentes recomendó la retirada de los transbordadores luego que se finalizara la construcción en la Estación Espacial, un proyecto de 16 países de 100.000 millones de dólares. El objetivo se alcanzó este año.

Los detalles sobre el programa de seguimiento están aún pendientes, pero el objetivo general es construir una nueva nave espacial que pueda viajar más allá de la órbita de 400 kilómetros de la estación y enviar astronautas a la luna, asteroides y otros destinos del espacio.

jueves, 16 de junio de 2011

Condenan a ex funcionario cultural de El Salvador por daños irreversibles en un sitio arqueológico

Carmen Molina Tamacas

En un caso sin precedentes, un ex funcionario cultural y un empresario constructor de El Salvador han sido condenados por haber causado daños irreversibles en un sitio arqueológico.

En un país cuyo patrimonio cultural arqueológico ha sido devastado por las urbanizaciones y el saqueo, esto constituye una resolución judicial histórica.

De acuerdo con la Fiscalía General de la República (FGR), se logró establecer la culpabilidad del ex Director Nacional de Patrimonio Cultural, Héctor Ismael Sermeño y del ingeniero Mario Sol Bang, por la destrucción del sitio arqueológico “El Cambio”. Peritos determinaron que ésta es una área de 62 mil metros cuadrados que contiene restos residenciales y ceremoniales de una civilización precolombina cercana a la villa de Joya de Cerén.

La Unidad Penal de la Dirección de Intereses del Estado de la FGR procesó a Sermeño por el delito de actos arbitrarios, y a Sol Bang por daños agravados en perjuicio de Patrimonio Cultural salvadoreño.

Sermeño fungió como titular de la dependencia de Patrimonio Culturall durante la administración del presidente Antonio Saca (2004-2009).

El caso inició en 2007 por una denuncia interpuesta por el Departamento Jurídico del ex Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura) ante los informes periodísticos que se realizaba la construcción de una calle dentro del sitio arqueológico “El Cambio”.

La Fiscalía, añade en su informe, solicitó la realización de peritajes arqueológicos con expertos internacionales y nacionales. En 2010 se estableció que los daños causados al terreno eran invaluables.

“Los mayores deterioros se dieron en los montículos uno y dos de las estructuras prehispánicas que datan de los años 600 Antes de Cristo a los 400 Después de Cristo”, informa la Fiscalía.

El tribunal tercero de sentencia de San Salvador condenó a Sermeño a tres años de cárcel; no obstante al ser un delito excarcelable, fueron sustituidos por 144 jornadas de utilidad pública. Además debe aceptar su culpa en dos publicaciones en los principales periódicos del país.

En el contexto de este caso, Sermeño se enfrentó con arqueólogos nacionales, ya que justificó la urbanización en una zona de “El Cambio” debido a que allí solo había “basura arqueológica”. Incluso su jefe, el entonces presidente de Concultura, Federico Hernández, respaldó su postura, en contraste con funcionarios técnicos de su dependencia.

En cuanto al ingeniero Sol Bang, el tribunal ordenó que rellene una carretera en proceso de construcción por un valor de $35 mil dólares y 64 centavos, además de velar por la conservación del patrimonio dañado de forma coordinada con la Secretaría de Cultura de la Presidencia (entidad que sustituyó a partir de 2009 a Concultura).

sábado, 14 de mayo de 2011

Día de la Cruz o cómo recortar la historia

Rito neoindigenista, que confunde al Xipe Totec como deidad de la "primavera", cuando en realidad -de acuerdo con documentos antiguos- es una deidad guerrera. Foto CMT

Artículo publicado en El Faro, 9-17 de julio de 2007

“Tú que has sido periodista, sabes que tenemos que creer lo que se publica en los periódicos; si dudáramos... ¿Qué pasaría?” (Jaime Peñafiel, periodista español)

Información oficial inexacta, artículos periodísticos inexactos… El Día de la Cruz como ejemplo de cómo un mito suplanta la realidad en el maltrecho archivo de la memoria histórica nacional.

Carmen Molina Tamacas
cartas@elfaro.net

¿Salvadoreño de corazón?
No se trata de poner la mano en el corazón, sí en la memoria. Para comenzar, un par de preguntas cuyas respuestas no amerita la tediosa búsqueda en una enciclopedia:
Si la Cruz no está puesta en su casa tres días antes del tres de mayo… ¿Llegará el Diablo a bailar?

¿Está relacionada la fiesta de las flores y las palmas de Panchimalco con la celebración del tres de mayo?

¿Evoca la veneración de la Cruz la mezcla de un rito prehispánico dedicado al Xipe Totec, el dios de la primavera, y prácticas católicas?

Si contestó que sí, por lo menos a una de ellas, usted pertenece a esa gran mayoría de salvadoreños que conoce las tradiciones populares tergiversadas a razón de posibles especulaciones y equívocos.

¿Mentiras impresas?

¿De dónde viene la tradición de colocar en un rincón de la casa una sencilla cruz elaborada con las ramas del árbol de jiote, y adornarla con cortinas y cadenas elaboradas en papel de colores y pegadas con engrudo como enseñaban los abuelos?
De antaño… es indudable.

La tradición ha perdurado tanto en la ciudad como en el campo con los matices propios de la modernidad. Ahora las cortinas pueden ser de plástico y entre las frutas ofrendadas puede haber una que otra manzana o uvas cultivadas en California.

Como en los mayos recientes, Panchimalco vive esta fiesta de manera especial. La feria de las flores y las palmas inició el domingo dos, en la víspera de la veneración de la Cruz y se extendió toda la semana hasta culminar con la colorida procesión de las palmas dedicada a la Virgen María.

Loable es el trabajo de la Casa de la Cultura, el comité de apoyo y la Alcaldía Municipal para rescatar la tradición. Salvadoreños y extranjeros que llegaron esa semana disfrutaron del ambiente de fiesta con tintes "ancestrales".

Lástima que el boletín oficial reproduce información desfasada y de acuerdo con algunos expertos consultados, especulativa; no debe extrañarnos por lo tanto que los artículos y reportajes periodísticos a propósito de la festividad hagan eco de ella y ayuden a perpetuar inexactitudes que ponen en duda la esencia de la tradición y, por ende, rasgos de nuestra identidad nacional.

Verdades inadvertidas

Recuerde la imagen del Xipe Totec, resguardado en su altar de cristal en la antesala del Museo Nacional "David J. Guzmán". Sí, el mismo señor desollado venerado en Mesoamérica. Pero jamás un dios de la primavera. Contrario a esta romántica acepción, era una de las deidades azteca de la guerra.

Hace un siglo, el alemán Eduard Seler propuso que el rito del desollamiento de los mexicas en honor al Xipe Totec era una metáfora del momento en que las "semillas vivientes" de la vegetación, especialmente del maíz, brotaban y se convertían en un manto que proveía a la tierra de una nueva piel.

Al respecto, Cecelia F. Klein, en la presentación del libro "Máscaras del espíritu: Imagen y metáfora en Mesoamérica" (1994), recuerda que Johanna Broda, en 1970, demostró que no existe ningún documento del siglo XVI que estipule que el Xipe Totec era una deidad agrícola o que el rito azteca de desollamiento simbolizara, de alguna manera, o por los menos afectara el crecimiento de la vegetación. Ella reconstruyó el calendario festivo azteca a partir de fuentes documentales de ese entonces.
El programa de la Casa de la Cultura de Panchimalco reseña que fray Bernardino de Sahún aseguró que las víctimas de los rituales aztecas eran ofrendadas, se les arrancaba el corazón y se les quitaba la piel en tiras; éstas eran pintadas de color amarillo y luego los sacerdotes se vestían con ella. Estas y otras afirmaciones son sustentadas en la interpretación de Jacques Soustelle (1956) en torno a la "idea amerindia" de "muerte y renacimiento" de todo lo que existe en la naturaleza.

Broda -investigadora y docente de la Universidad Autónoma de México y la Escuela Nacional de Antropología e Historia, es reconocida como una de las principales autoridades en el tema de cosmovisión prehispánica en el mundo- profundizó en el estudio de documentos del siglo XVI que describen rituales y costumbres aztecas en el momento de la invasión española.

Ella explica que el Tlacaxipeualiztli o rito del desollamiento era un festival dedicado al dios Xipe Totec; algunas de las víctimas eran desolladas y luego sus pieles eran colocadas sobre otros indios.

"Desde Seler, las interpretaciones del simbolismo de esta ceremonia han seguido la línea de la fertilidad y los ritos relacionados con la agricultura", critica la experta.

Así, Klein sintetiza el aporte de Broda que ya entonces aclaró el significado de esta festividad: la principal función de Tlacaxipeualiztli era honrar a los guerreros por sus servicios prestados al estado y para presentar al emperador de turno un tributo por parte de opositores vencidos. Tlacaxipeualiztli estaba dedicado a la infraestructura militar que sostenía la economía de las clases dominantes Mexicas.

¿Por qué esta información ha pasado inadvertida durante tres décadas? Al menos no llegó jamás a la Casa de la Cultura de Panchimalco… o, lo que es peor, jamás ha ido alguien a buscarla.

El relato reproducido y distribuido con orgullo a todos los visitantes retoma -aunque no lo dice- los planteamientos de "La fiesta del Día de la Cruz" escrito por la antropóloga Concepción Clará de Guevara en 1976.
Historiantes de Panchimalco. CMT


A pesar de los planteamientos de Broda, De Guevara plantea que la festividad es un remanente de la adoración al Xipe Totec por estar muy cerca de la celebración del Tlacaxipeualiztli , una época en la que el centro de México apreciaba las primeras frutas y que el Cipitío (o Tzipitín) está derivado del apelativo del Xipe Totec.

Doce años después, el arqueólogo estadounidense Paul Amaroli le criticó basándose en los Broda, en la traducción de las ceremonias plasmadas en el Códice Florentino, en el significado moralizante de la leyenda del Cipitío (si las madres desatienden a sus niños, tendrán la culpa de que "los juegue" el Cipitío) y propuso un nuevo planteamiento: el culto a la Cruz podría estar vinculado con la celebración del primer mes del año azteca, Cuahuitl Ehua, que honra a Tlaloc, el dios de la lluvia y la anticipación de la época lluviosa.

Amaroli apunta que la relación que De Guevara establece entre la festividad de la Cruz y la adoración del Xipe Totec basada en el tipo de madera que es utilizada (el árbol de jiote se descascara y eso podría evocar el rito del desollamiento) es "débil y en última instancia poco convincente".

"Si las lluvias tienen un falso inicio, como ocurre algunas veces, con tormentas que se suspenden alrededor de dos o tres semanas poco tiempo después de haber empezado, los agricultores perderán sus primera plantación, un triste desastre que para ellos será difícil soportar. Aquí aparece el objeto de las ofrendas en el Día de la Cruz: ayudan a asegurar la iniciación exitosa de la estación lluviosa", propone Amaroli.

La ciencia propone…

El programa oficial de las fiestas de Panchimalco sostienen que, "según la tradición", la celebración del Día de la Cruz es dedicada al dios Xipe Totec (nuestro señor desollado) divinidad de la primavera.

Con esa base, La Prensa Gráfica publicó en una sección especial esta afirmación: "Esta celebración es un ejemplo del sincretismo religioso de las culturas hispanas e indígenas. Además, sería un remanente del culto al Xipe Totec (nuestro señor deshollado.)". Otros artículos siguen esta misma línea.

Información oficial inexacta, artículos periodísticos inexactos. La falta de compromiso gubernamental con la investigación etnográfica, antropológica e histórica del país permite que tradiciones tan importantes y únicas como la celebración del Día de la Cruz carezcan de una base sólida y sustancial. Y los periódicos la reproducen.

En la historia salvadoreña, la ciencia propone, pero las autoridades omiten y disponen.

¿Por qué prescindir del significado que los investigadores han atribuido al Xipe Totec, divinidad de nuestros antepasados?

Jorge Colorado, estudiante de Antropología de la Universidad Tecnológica, sostiene que el arraigamiento de la idea del Xipe Totec primaveral es critico en cuanto se trata de construir una identidad salvadoreña basada en preceptos falsos e imaginarios. "Si la falsedad implica un comportamiento de acuerdo a un estatus de dominación y vasallaje, esta idea del dios de la primavera se repetirá hasta convertirlo en una verdad inalterable", dijo.

Señaló que un Xipe Totec asociado a un proceso cultural guerrero podría ser contraproducente para grupos interesados en mantener el dominio sobre nuestras minorías étnicas y mantener la hegemonía.

En lo que compete a la autoinvitación del Diablo para bailar en los traspatios irreverentes, no comentaré nada… depende qué tan buena sea la relación que usted tenga con él.

Este ejercicio pretende reafirmar el protagonismo de los ingredientes fundamentales de la verdad, la razón de ser de la práctica periodística: la duda cartesiana y el sentido común.

Si nos acomodamos a reproducir verdades burócratas, perdemos entonces la capacidad de innovar y proponer. En síntesis, de crear pensamiento.

En cuanto a la pregunta de Peñafiel… yo dudo. Ahora más que nunca.

viernes, 1 de abril de 2011

Habilitan cuenta de ahorros para ayudar a escritor Menjívar Ochoa



ELSALVADOR.COM
Viernes, 1 de Abril de 2011
Rafael Menjívar Ochoa (1959), escritor salvadoreño y autor de libros como "Los héroes tienen sueño", "Trece" y "Cualquier forma de morir", se encuentra en estado delicado de salud.

Por medio de un boletín de prensa, la familia confirmó que la salud se ha deteriorado a raíz del cáncer de colon. "Presenta un cuadro de anemia, desnutrición y una infección grave", dijeron.

Ayer (jueves) fue ingresado a la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital de Diagnóstico, de manera que los gastos son elevados. Allí le han dado un diagnóstico más favorable, con la esperanza de poder salvarle la vida.

La ayuda económica puede ser depositada en la cuenta No. 384-000703-0 del Banco Agrícola, a nombre de Rafael Menjívar Ochoa.

SU TRABAJO

Sobre la obra de Menjívar Ochoa, el poeta Mario Noel Rodríguez cree que su trabajo literario es muy importante "porque es de esa generación posterior a la guerra que nos viene a decir mucho sobre los temas candentes en El Salvador: el dolor, la emigración, el desencanto", señaló.

El autor se considera miembro de la "Generación del desencanto", a la que pertenecen, entre otros, Jacinta Escudos, Horacio Castellanos Moya y Miguel Huezo Mixco.

A juicio de Huezo Mixco, Menjívar "pertenece al linaje de los grandes narradores latinoamericanos". Él comentó recientemente el manuscrito del texto “Un mundo en el que el cielo cae y cae”.

La entrevista que realizó al escritor Álvaro Menéndez Leal -en su lecho de muerte- publicada en la revista Vértice de El Diario de Hoy, es recordada como un texto fundamental en la historia del periodismo cultural de El Salvador (audio aquí).

En la bitácora personal de Menjívar Ochoa (rmenjivar.blogspot.com) el escritor explicó el pasado 1 de febrero el porqué de su dedicación a las letras en una columna titulada "La Palabra".

"Uno escribe porque es lo único que sabe hacer, y haría lo mismo en las mismas circunstancias siquiera por pasar el tiempo, siquiera porque es lo oportuno... (Escribo en el hospital, y me llevo un par de horas en la madrugada en tan sólo un par de párrafos...".

LIBROS, OTRAS FORMAS DE AYUDAR

Algunos de los libros de Rafael Menjívar Ochoa en existencia: "Tiempos de locura" ($10.00) "Los Héroes tienen sueño" ($5.00)

Algunos escritores han donado libros de su autoría para contribuir en la recolección de fondos, tales como: "Así nacidos", de Mauricio Orellana Suárez; "Crónicas para sentimentales", de Jacinta Escudos y "El día interminable", de Jorge Galán.

Los lugares en que se realizarán próximas ventas de libros se darán a conocer a través de la página de Facebook Fuerza Rafa, o pueden ser consultadas a través de la cuenta de correo electrónico: fuerza.rafa@gmail.com